6 nov. 2012

Arriba, en Vaderkvansgatan

Que complicado es a veces adentrarse en una aventura que exige tanto, pero estar encadenado a otro lugar del que en realidad desearías estar. Esta noche hace más frío que de costumbre aquí, en las azoteas de Vaderkvansgatan, con la pequeña multitud de juerguistas que acampan abajo. En este rincón estoy, bueno, estamos, olvidados por todos. Escucho a Dragan que se acerca y después veo como se sienta a mi lado.

- ¿Sigues sin querer ayuda?
- ... ¿Permites que te ayuden los demás?

El se calla y logra aguantar una risa que casi parece un rugido.

- Deberías tener cuidado con esos dos con los que andas ahora. Vera dice que podrían ser peligrosos
- Vera ve peligro donde no lo hay, y también a la inversa. Tiene a los lobos en su propia casa...
- No lo digas muy alto
- Ya, ya lo sé...

Nadie sabe nada acerca de ellos. Han venido a solucionar un problema, y parecen muy solícitos. Pero no dejan de ser diferentes a nosotros, y eso sirve para verlos como amenaza. Una amenaza que no tiene por qué afectarme. No saben nada, nadie sabe nada. Estoy haciendo bien mi trabajo y nadie tiene por qué indagar. Este miedo no me deja pensar.

Dragan me toma el hombro en un apretón y después se marcha. Un perro viejo con incluso más miedo que yo. Pero se sienta en silencio, y eso no es malo. Ojalá pudiera volver atrás

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